Llego a Madrid y una de las primeras noticias que leo de actualidad es que el Palacio de la Música cierra sus puertas para ser un auditorio gestionado por Caja Madrid.
No es la primera sala que cierra ni será la última. Y es una pena, porque a mí, personalmente, me encantaba ver la Gran Vía llena de cines y no de teatros con musicales horteras como tenemos ahora (y ya no hablo del fenómeno del Naming, que me parece otra horterada como un castillo). Aunque teniendo en España el cine que tenemos, no sé qué es peor. ¿Por qué no puede haber una película española en la que no salga una tía en tetas? Claro, que con lo malas que son, al menos, si ves un par de tetas, eso que te llevas.
Ahora la moda es irse al cine a algún centro comercial de por ahí, recintos hipervanguardistas carentes de cualquier noción estética y en los que nos hacen sentir los más guays y los más sofisticados. Y que encima te venden que tienen de todo, de todo menos naturalidad, y ni siquiera tiene bares como Dios manda.
Ya no se puede ir uno al centro, dar una vuelta, tomarte una caña en un bar y luego pasear por la Gran Vía a ver si algún cine echa alguna peli que te guste, o ir a tiro hecho si has mirado la cartelera. Y después del cine irte a cenar y luego a tomarte una copa (la gracia está en que todo esto lo puedes hacer caminando).
Ahora lo suyo es cogerte el metro o el coche, irte a donde Cristo dio las tres voces (el único que se me ocurre que esté medio bien situado es el Príncipe Pío, y luego no hay ningún sitio para tomarte una copa por ahí), meterte en un macroinvernadero llamado centro comercial, cenar comida basura en alguna franquicia y luego, si quieres tomarte una copa, tener que coger el metro o el coche de camino al centro.
Y la gente sigue tragando. Aunque supongo que es porque yo soy el raro que tiene gustos diferentes.
1saludo